martes, 23 de junio de 2015

Empresarios del Crimen – Ismael Zambada García



 Pueden atraparme en cualquier momento... o nunca

Mario Ismael Zambada García El Mayo. 2010


Ante las puertas frontales de las instalaciones de Nueva Industria de Ganaderos de Culiacán, en Sinaloa, fueron abandonados en bolsas dos cuerpos decapitados con un mensaje para el dueño de la famosa Lechería Santa Mónica: EL GOBIERNO TE PROTEGE MUCHO y NO MANDES FEDERALES.

Mario Ismael Zambada García tiene varias fechas de nacimiento entre las cuales el gobierno mexicano y estadounidense destacan el 27 de julio de 1927, el 1ro de enero de 1948, el 23 de mayo de 1949, el 30 de enero de 1950, el 21 de julio de 1951, el 21 de marzo de 1952 y el 27 de julio de 1956. El capo originario de la ranchería El Álamo de la sindicatura de Costa Rica en la capital del estado de Sinaloa es un hombre de la tercera edad; tiene aproximadamente 60 años, cosa que no impide que su trayectoria criminal siga.


Para eludir a sus captores usa diferentes seudónimos y derivaciones de su nombre original: Gerónimo López Landeros, Javier Hernández García, Ismael Mario Zambada García, Mario Zambada, Jesús Loaiza Avedaño, Javier García Hernández e Ismael Higuera Rentería.

Los apodos también son diversos pero rápidamente aluden a uno de los altos mandos del Cártel de Sinaloa: El Quinto Mes, El M Grande, El Señor de la Montaña, El Patrón, El Jefe, El Rey, El Padrino, Su Majestad, El Compadre del Chapo Guzmán, El MZ, aunque con su mayor alías siempre a trascendido como El Mayo, ya que este sale del diminutivo de Mario, su primer nombre.

Ana María, Águeda, Vicente y Jesús Reynaldo crecieron en el mismo ambiente lúgubre y humilde que su hermano, quien a temprana edad se dedicó a la siembra de mariguana y amapola, igual que varios niños de las regiones pobres de la sierra sinaloense. Para ese tiempo, la educación era un esperanza muy lejana y hasta podría decirse que también lujosa. 



Los 70s


La juventud de Mario Ismael es muy enigmática. Por testimonios de gente que llegó a conocerlo durante su etapa de aprendiz, describen a un simple empleado de la Mueblería del Parque, ubicada en la década de 1970 en la ciudad de Culiacán. Zambada se desempeñaba como repartidor de muebles y aparatos de línea blanca a los domicilios de los clientes. Durante su instancia en ese empleo, conoció a dos personas que le cambiarían su vida para siempre: Rosario Niebla, su primera esposa quien fungía como secretaría en la mueblería y a José Inés Calderón Quintero, el contrabandista más poderoso de Sinaloa en esa época.

El testimonio colectivo en cuanto a la actitud de Mario Ismael Zambada García es muy ambiguo. Algunos lo describen como un hombre humilde y generoso mientras que otros lo pintan como un traidor, avalándose en el caso de los hermanos Torres Félix (Javier Torres El JT capturado a principios de 2004 y Manuel Torres
El Ondeado abatido por el ejército en Culiacán el 13 de octubre del 2012) y Gonzalo Inzunza Inzunza, muerto a tiros el 18 de diciembre de 2013. Algunos pobladores de rancheríos marginados en el Triangulo Dorado (La unión Sinaloa, Durango y Chihuahua) afirman que cuando el capo llega, se hacen grandes filas para poder recibir algo de dinero en efectivo de parte de él, mientras que por otro lado los periódicos locales de Sinaloa y hasta nacionales emulan los mensajes de lugartenientes en los cuales lo acusan de ser un soplón del gobierno mexicano.


Rosario Niebla, quien en la actualidad tiene aproximadamente 69 años, le dio a El Mayo Zambada sus primeros hijos: María Teresa, Midiam Patricia, Mónica del Rosario, Modesta, Ismael y Vicente, este último llegaría a la gerencia de la organización criminal de su padre hasta su arresto el 18 de marzo de 2009. La lista de las parejas sentimentales del conocido narcotraficante menciona a Rosa Linda Díaz García, Dora Alicia Beltrán Corrales, Leticia Ortiz Hernández, María del Refugio Sicarios Aispuro, Alicia Lara Camberos y Margarita Imperial López. De ellas a nacido como fruto de su unión Ismael Zambada Sicarios, Ana María Zambada Lara, Serafín Zambada Ortiz e Ismael Zambada Imperial. Zambada Ortiz y Zambada Imperial fueron detenidos en noviembre de 2013 y a principios de 2015 por ayudar al Cártel de Sinaloa en operaciones de blanqueo de capital.

 Ficha Criminal de Mario Ismael Zambada García. SSP y CISEN

De la narcoescuela que hizo José Inés Calderón Quintero entre 1970 y 1980 fue adquiriendo experiencia Mario Ismael Zambada García hasta convertirse en un importante lugarteniente del Cártel de Guadalajara, comandado en aquel tiempo por Miguel Ángel Félix Gallardo, Rafael Caro Quintero, Manuel Salcido Uzueta y Ernesto Fonseca Carrillo. En sus inicios, varios socios colombianos que trabajaban como contactos de grandes narcos eran cercanos a la familia Zambada, lo que sirvió como catalizador para que Mario Ismael ya no dependiera de intermediarios entre él y los jefes de la mafia mexicana. Sus días de repartir maletines llenos de dólares a los màs importantes agentes de la Policía Judicial Federal eran historia.



La  Ascensión

 Sandra Ávila Beltrán y Mario Ismael Zambada García

Cuando Félix Gallardo, Caro Quintero, Salcido Uzueta y Fonseca Carrillo cayeron en desgracia por la amarga ejecución del oficial encubierto de la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos (DEA) Enrique Kiki Camarena, Amado Carrillo Fuentes asentó su mercado de drogas en Ciudad Juárez, Chihuahua, mientras que los hermanos Arellano Félix se establecían en Tijuana, Baja California, protegidos por el entrante gobierno panista de Ernesto Ruffo Appel. Juan García Abrego resucitaba el poderío del Cártel del Golfo con cargamentos de droga en el estratégico territorio de Tamaulipas, igual que sus adversarios sinaloenses. El Mayo tenía independencia pero no tanta como para conformar su propio grupo criminal, de tal forma que se apegó del lado del ganador en la década de 1990; fue subordinado del ahora finado Señor de los Cielos. Zambada García conoció a varios personajes de renombre cuando trabajó en el Cártel de Juárez, principalmente a Vicente y Rodolfo Carrillo Fuentes, los hermanos Marcos Arturo, Héctor y Alfredo Beltrán Leyva, Juan José Esparragoza Moreno, Héctor Luis Palma Salazar, y por último a un hombre indisciplinado, astuto que, para su infortunio, también era bajo de estatura: un tal Joaquín Guzmán Loera, alguien a quien apodaban El Chapo.

Joaquín Guzmán Loera en 1980

La vanidad de Amado Carrillo Fuentes se estaba volviendo tan exagerada hasta llegar a invitar sus hombres cercanos a practicarse cirugías estéticas para cambiar su fisionomía. El jefe del Cártel de Juárez y su hermano Vicente Carrillo El Viceroy lograron convencer a El Mayo de echarse una manita de gato en la clínica privada Santa Mónica de la Ciudad de México: pasó de ser regordete a un hombre rejuvenecido y esbelto, cosa que fue comprobada al descubrir una foto durante una operación de cateo hecha en una de las casas de seguridad de Zambada García por el entonces titular de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) José Luis Santiago Vasconcelos.

Amado Carrillo Fuentes

En la misma Clínica Santa Mónica fue donde Amado Carrillo Fuentes El Señor de los Cielos encontró su perdición. El 5 de julio de 1997 el capo más poderoso de México murió después de una cirugía plástica mal ejecutada. La DEA  confirmó de manera casi apurada la muerte del narcotraficante  mientras que la Procuraduría General de la República (PGR) tenía miedo en hacer oficial el deceso.
Entre los candidatos a suceder a El Señor de los Cielos estaban su inestable hermano Vicente Carrillo y Juan José Esparragoza Moreno, El Azul, quien se desenvolvía como consejero y negociante en el Cártel de Juárez. Juan José Álvarez Tostado El Compadre era otro candidato para suplantar a Amado, aunque las diferencias entre él y Zambada García comenzaron a materializarse.
 ¨Tu traficas porque tienes mi permiso¨ le dijo El Compadre a El MZ, obligando a El Azul a proponer una tregua entre los dos bandos y establecer un consejo para designar al siguiente líder. Mario Ismael se retiraba pacíficamente de la organización que finalmente cayó en manos de El Viceroy e inició a construir la base del imperio criminal que ahora se le conoce como La Federación o el Cártel de Sinaloa.



 Los Compadres


Después de Amado Carrillo Fuentes, Osiel Cárdenas Guillen y los hermanos Arellano Félix se estaban volviendo en un punzante dolor en el trasero para la organización de El Mayo Zambada, hasta el punto en que ni la ayuda del clan Beltrán Leyva servía de algo. En una ocasión, los pistoleros de Zambada García se dieron un topón con los mercenarios de Javier Francisco Arellano Félix El Tigrillo provocando un violento tiroteo en la delegación de la Mesa, en Tijuana. El MZ salió librado de las balas en esa ocasión, pero el menor de los Arellano fue detenido; horas después, una jugosa cantidad de dinero garantizó su salida de la comisaría. Marcos Arturo Beltrán Leyva El Barbas trató de sacar provecho del primo al que le mandaba millones de dólares hasta la cárcel de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco. Con tal de garantizar el exterminio de los hermanos de Tijuana y al apodado Mata-amigos del Cártel del Golfo, Mario Ismael aceptó la capitalización de la ¨fuga¨ de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo.

Todo estaba preparado. Joaquín Guzmán saldría de su celda como ya lo había hecho anteriormente pero esta vez era para ya no volver. Cada quien había recibido su moche, inclusive el propio ¨presidente del cambio¨, Vicente Fox, quien no llevaba ni un año en el puesto cuando obtuvo un soborno de 40 millones de dólares para llevar a cabo el plan de un solo cártel en México y eso requería indispensablemente la acción del sinaloense que detuvieron en 1993 por la muerte del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en el Aeropuerto Internacional de la ciudad de Guadalajara.  

Desde su punto de vista, Mario Ismael solamente supo que no hubo muertos; no se quiso envolver tanto en el tema de la evasión del hombre que sería su máximo socio y compadre durante más de 13 años.



 Narco concilio

El Chapo necesitaba cómplices que le ayudaran a esconderse y a pagar los sobornos mientras, supuestamente, huía de la justicia. ¨El hombre más buscado de México¨ hayo gracia delante de los ojos de El Mayo que, hasta para su propia beneficencia, le ayudó con dinero y hospedaje en casas de seguridad en Nayarit y Quintana Roo.

En Octubre de 2001, El Chapo Guzmán fue apoyado nuevamente por Zambada García en celebrar una serie de reuniones en Cuernavaca, Morelos y la Ciudad de México, en las cuales se planearìa el arrebato de los prolíficos territorios de sus adversarios, los hermanos Ramón, Benjamín, Eduardo y Francisco Javier Arellano Félix, en Baja California. Así también, los acuerdos y condiciones orales dictaban el compartimiento de rutas de trasiego, brazos armados y grupos dedicados al lavado de dinero. El Súper-sindicato de narcotraficantes ya era un hecho para finales de 2001 teniendo como jefes a Joaquín Guzmán Loera, Marcos Arturo, Héctor y Alfredo Beltrán Leyva, Armando Valencia Contreras, Juan José Esparragoza Moreno, Ignacio Coronel Villarreal, Vicente Carrillo Fuentes y el propio Mario Ismael Zambada García.

 

 

 Viejos amigos, nuevos enemigos 


Los hermanos Arellano Félix se enteraron de la posición hostil que había tomado El Mayo y decidieron quitarlo del camino. La mala nueva llegaba a Sinaloa: oficialmente el Cártel de Tijuana ofrecía 3 millones de dólares a quien matara a El Mayo Zambada.

Tal como optaron en 1993 con El Chapo Guzmán, el 10 de febrero de 2002 Ramón Arellano Félix estaba en Mazatlán, Sinaloa para buscar a El Padrino, pero el contingente provocado por el Carnaval de la ciudad impidió que el sanguinario líder pudiera localizar a su rival. Después de una breve riña con un Policía Judicial, Ramón cayó violentamente al pavimento quedando tendido sobre este y con una perforación de bala en la cabeza que cada vez más expulsaba sangre quitándole la vida. Indirectamente, El Mayo Zambada había ganado la contienda. Luego de algunas semanas, Benjamín Arellano también sería detenido pero en Puebla; la promesa del gobierno foxista en quitar del camino a los enemigos de La Federación era aun más tangible con el paso del tiempo.


 Francisco Rafael Arellano siempre fue un criminal de bajo perfil: mientras que sus hermanos hacían el trabajo sucio, él se encargaba de lavar dinero en Mazatlán, Sinaloa. Fue arrestado en 1993 por la autoridad en Tijuana y en 2006 fue extraditado a Estados Unidos para pagar su condena. Rodrigo Aréchiga Gamboa El Chino Ántrax, actualmente bajo custodia de los Estados Unidos, era jefe de sicarios de Zambada García; para mostrarle lealtad al Patrón, decidió poner como chivo expiatorio a Francisco Rafael . En 2008, el mayor de los Arellano fue liberado de prisión en el paìs del norte y regresó a México para fundar negocios en Sinaloa y Baja California.

En Octubre de 2013, Francisco Rafael decidió celebrar su cumpleaños e invitó a varios amigos, celebridades y familiares a su fiesta exclusiva (Entre los cuales se encontraban el futbolista Jared Borgetti, el hijo del boxeador Julio César Chávez, Omar y su hermana Enedina Arellano). El gozo se convirtió en llanto cuando un sicario disfrazado de payaso disparó hacía la cabeza del retirado capo, dejándolo inerte sobre la pista de baile en su cumpleaños número 60.



 Señalado

El 31 de mayo de 2002, Mario Ismael Zambada García tendría nuevamente precio sobre su cabeza, solamente que esta vez era de parte del gobierno de los Estados Unidos. The Foreign Narcotics Kingpin Designation Act o El Acta de Designación para Capos Extranjeros señalaba a El Mayo como enemigo público en la Unión Americana con una recompensa de 5 millones de dólares a quien proporcione información veraz para su convicción. Por su parte, el gobierno federal mexicano lanzó su propia recompensa la cual consistía en 30 millones de pesos.






        Diversos anuncios de "SE BUSCA" emitidos por el gobierno estadounidense y mexicano aludiendo a 
El Mayo Zambada

La estirpe de los Zambada se ha caracterizado a lo largo de los años como el lado empresarial del Cártel de Sinaloa, posicionando a varios de los familiares de El Mayo como criminales de cuello blanco, principalmente a algunas de sus hijas y esposas. El Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y La Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) han señalado establecimientos que ayudan financieramente a la organización criminal más poderosa del hemisferio occidental. Negocios que se extienden desde el norte de México hasta los antiguos feudos de Pablo Escobar en Medellín, Colombia. Multiservicios Jeviz, Jamaro Constructores, Establo Puerto Rico, Gasolinera Rosario, Establo Santa Mónica, Estancia Infantil El Niño Feliz, Automotriz JYM, Arte y Diseño de Culiacán, Nueva Industria de Ganaderos de Culiacán son algunas de las propiedades comerciales que están a disposición del apodado Señor de la Montaña.


Las autoridades estadounidenses se llevaron una gran decepción al conocer la opinión en cuanto a la investigación de las narcoempresas sinaloenses que se supone debería hacer la contraparte mexicana. La Secretaría de Hacienda contestó que las indagatorias del Departamento del Tesoro solamente mostraban sospechas y no evidencias. El gran colmo se desbordó al descubrir que varios de estos negocios recibían ayuda gubernamental por medio de programas lanzados en la administración de Vicente Fox y Felipe Calderón. Muchas de estas concesiones hasta el día de hoy siguen activas.



 Chuy Vizcarra: Entre el narco y la pared


 ¨ ¿Es o no usted compadre de El Mayo Zambada?¨ Replicó cual golpe bajo y definitivo Mario López Velarde Malova a su contrincante político para la gubernatura de Sinaloa Jesús Vizcarra Calderón durante un debate en televisión. ¨Yo nunca he cometido un acto ilegal¨ logró escupir nerviosamente el candidato del Partido Revolucionario Institucional. Su posición como el futuro gobernador del estado donde imperan las ordenes del narcotráfico se hundió en una incomoda derrota a la hegemonía del PRI sobre los sinaloenses.



En la década de 1980 fue cuando Vizcarra se encontró por primera vez con Mario Ismael Zambada García en una celebración en el Rancho Puerto Rico en el día de la Virgen de Guadalupe. La escena quedó fotografiada para la posteridad: en ella aparecen Jesús Vizcarra, El Mayo, Bernardo Quintana, Inés Calderón Godoy –Padre de José Inés Calderón Quintero- y Javier Díaz, el hijo de Baltazar Díaz, quien llegaba a obsequiar portafolios llenos de dinero al director de la Policía Judicial Federal Rodolfo León Aragón.

Ante el hallazgo de la fotografía publicada por el periódico Reforma a principios de 2010, a Vizcarra ya no le serviría de nada mentir su compadrazgo con el segundo al mando en el Cártel de Sinaloa. La razón que los unía, según él dijo, era el rescate de un hijo secuestrado del aspirante a gobernador que solamente Zambada García podía hacer. El Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) elaboró una amplia indagatoria por escrito sobre la relación Zambada-Vizcarra, en la que se señalaba que José Inés Calderón, narcomaestro de El Mayo, era su primo lejano y que el símbolo de su poder comercial, el Grupo Viz-Sukarne, estaba estrechamente ligado a los negocios sucios del socio de El Chapo Guzmán.  El 16 de junio de 2010, el último clavo sobre el ataúd de la reputación de Vizcarra Calderón sería colocado por la pregunta de Malova que hasta se presume, podía costarle la vida si la respondía de una manera incorrecta.



La Federacion: Misión Fallida 

El Proyecto de La Federación estaba en picada, principalmente por la envidias y traiciones que provocaban la avaricia algunos compañeros, principalmente la de Joaquín El Chapo Guzmán. Rodolfo Carrillo Fuentes El Niño de Oro, su esposa y demás escoltas fueron acribillados por sicarios en el estacionamiento de un centro comercial de Culiacán, Sinaloa el 11 de septiembre de 2004.
¨Compadre, quería saber si estabas conmigo o en mi contra¨ le reclamó Vicente Carrillo Fuentes a Mario Ismael Zambada después de enterarse de la muerte de su hermano. ¨Estoy contigo, compadre¨ le dijo El Mayo a El Viceroy, ¨Entonces demuéstramelo entregándome la cabeza de ese hijo de la chingada¨ culminó el ahora convicto jefe del Cártel de Juárez refiriéndose a Guzmán Loera.

El grupo paramilitar Los Zetas se había independizado de la organización que dejò Osiel Cárdenas Guillen. Heriberto Lazcano El Lazca tuvo grandes diferencias con los nuevos líderes del Cártel del Golfo, Ezequiel Cárdenas Guillen Tony Tormenta y José Eduardo Costilla Sánchez El Coss, así que decidió conducir a sus muchachos por un diferente camino. Los Zetas se volvían una amenaza para los intereses de Joaquín Guzmán Loera y sus aliados, entre quienes estaba por supuesto El Mayo. Una nueva reunión se tenía que efectuar, pero la persuasión para convocar al joven líder de Los Zetas era casi imposible, aunque finalmente llegó a doblegarse.

Cuando todos los principales capos del narcotráfico se pusieron de acuerdo sobre sus futuras relaciones y operaciones, La Federación nuevamente estaba de pie, solo que ahora los líderes del Cártel del Golfo y Los Zetas se habían sumado a las filas del imperio de Joaquín Guzmán Loera y Mario Ismael Zambada García.


 Ficha de Prioridad Estrategica de Mario Ismael Zambada García. SSP

 Marcos Arturo Beltrán Leyva y su clan adquirían demasiado poder, inclusive empezaban a tener más contactos en el gobierno que el propio Chapo Guzmán, lo que provocó un plan para su exterminio. El final
de La Federación llegó aun más pronto de lo que se pensaba: El Chapo dio información a elementos de la Agencia Federal de Investigación (AFI, la hoy Policía Federal) de donde estaría Alfredo Beltrán Leyva el 21 de enero de 2008. A los 37 años de edad, el apodado Mochomo fue capturado en un BMW con 3 escoltas en la calle Juan de la Barrera de la  colonia Burócratas, de Culiacán, Sinaloa. El Barbas quería venganza por su hermano caído, lo que conllevó a que las amenazas también recayeran sobre Zambada García.

 
Narcomanta que mandò a colocar Marcos Arturo Beltrán Leyva. Culiacàn, Sinaloa.



 Cuentas pendientes

El 14 de septiembre de 2008 empezaría una guerra campal con tintes personales entre El Mayo Zambada y el entonces presidente Felipe Calderón con el decomiso de 26 millones de dólares en una de las propiedades del narcotraficante; las pacas de dólares se hallaban escondidas en cajas de huevo y eran parte de las ganancias del Cártel de Sinaloa. Aunque lo peor estaba por acontecer.

 
El Rey Zambada

¨Que pasó, ahijado, que pasó?¨le gritaba desesperado Jesús Reynaldo Zambada García por celular a Edgar Enrique Bayardo del Villar, comandante de la Secretaría de Seguridad Pública en el Distrito Federal durante una intensa balacera que se suscitaba después de que dos lacayos del reconocido hermano de El Mayo se resistieran a detenerse cuando elementos de la AFI adscritos a la PGR les marcaran el paso, empezaron a abrir fuego cuando se refugiaron en una casa ubicada en la calle Wilfrido Massieu de la colonia San Bartolo Atepehuacán.
¨Ya llego, ya llego!¨  gritaba el funcionario corrupto mientras llegaban los refuerzos del narcotraficante. De repente las estruendosas hélices de un boludo o helicóptero empezaron a surcar el cielo que cada vez más se manchaba con las columnas de humo negro que emanaban  del domicilio donde se atrincheraron los representantes del Cártel de Sinaloa en la capital mexicana. ¨Ahí le encargo a mis ahijados, me la voy a rifar, yo no voy a dejar que me agarren, y si no me voy a matar¨ rugía El Rey Zambada antes de empuñarse su pistola en la cabeza mientras se cubría detrás de un tinaco en la azotea del inmueble; su hijo Jesús Zambada Reyes -quien después de los hechos,  reconstruiría el escenario con el nombre de testigo protegido Rambo III- se abalanzó contra su padre para evitar su suicidio. Jesús Reynaldo Zambada fue finalmente capturado ese mismo día, el 20 de octubre del 2008; los hombres que había mandado Edgar Bayardo no pudieron hacer nada para salvar al hermano de El Mayo, quien subyugado, fue presentado ante los medios de comunicación casi a regañadientes, ya que ninguna dependencia que tenía custodia de los detenidos quería dar la noticia, posiblemente a raíz del temor a una represalia.


 Declaración ministerial de Jesus Zambada Reyes (22/10/2008), quien amaneció ahorcado el 20 de noviembre de 2009 cuando se supone era protegido por la PGR

Richard Arroyo Guizar, otro vástago de El Rey Zambada también fue detenido durante la balacera y, al igual que su medio hermano, terminó acogiéndose en el programa de testigos protegidos de la PGR, con la clave María Fernanda.

Fragmento de la declaración ministerial de Arroyo Guizar en donde se menciona a Bayardo del Villar

Los testimonios de los narcojuniors Zambada-Arroyo descubrían una red de corrupción que le llegaba hasta el cuello al grupo cercano de Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública en el sexenio de Calderón, empezando con Edgar Bayardo, comandante de la SSP en el D.F., Jorge Cruz Méndez y Fidel Hernández García, estos dos últimos fueron grandes elementos activos de la Policía Federal Preventiva hasta su detención el 29 de octubre de 2008, culminando con Gerardo Garay Cadena (quien trató de engañar a Los Zetas en 2007 y casi muriò en el intento), el subsecretario de Estrategia e Inteligencia de la Policía en la SSP, Facundo Rosas Rosas, y el alcahuete de Luis Cárdenas Palomino, la mano derecha de García Luna.



Bayardo del Villar recibía órdenes del narcotráfico desde 1997, de parte de El Señor de los Cielos, y antes de ser descubierto llegó a obtener sobornos de hasta 500 mil dólares cada vez que ascendía un puesto en el gobierno; cuando decidió cooperar con la PGR después de ser detenido, se le dejó disfrutar de su fortuna amasada. Llegó a vivir en departamentos valuados en 800 mil dólares hasta que la suerte le dejó de sonreír el 1ro de diciembre de 2009 cuando fue asesinado a tiros en un café Starbucks de la Ciudad de México. También cabe mencionar el misterioso suicidio de Jesús Zambada Reyes en el centro de arraigo el 20 de noviembre de ese mismo año. Aun no se sabe sí fue El Mayo Zambada el autor intelectual de estas muertes o fue el golpeado grupo de García Luna el que se vengó.



El Encuentro 

 
                                                             Genaro García Luna     

Desde septiembre de 2008 hasta a mediados de 2009, elementos de la AFI se manifestaban inconformes en la Ciudad de México exigiendo la renuncia de Genaro García Luna después de revelar su plan para conformar una corporación policiaca única en el país, la cual sería en postreros tiempos la polémica Policía Federal.
Entre los testimonios recabados por los agentes renegados, un grupo de estos que sirvieron como escoltas personales de García Luna en los convoys donde solía transportarse, se menciona un raro episodio suscitado en la carretera Cuernavaca-Tepoztlán donde un grupo de camionetas en donde viajaban hombres fuertemente armados se toparon con la caravana gubernamental y lograron someter a todos los elementos, obligándolos a estar de rodillas mientras los desarmaban y vendaban sus ojos para que el líder de estos pudiera hablar tranquilamente en el anonimato con García Luna.
¨Este es el primero y último aviso para que sepas que sí podemos llegar a ti si no cumples con lo pactado¨ dijo en tono de amenaza el supuesto narcotraficante al llamado Súper-policía cuando este se hallaba en un obvio predicamento. Tiempo después, todo se esclareció: el titular de la SSP había dejado a sus hombres a la merced de sus contrincantes naturales y posiblemente este se fue con el misterioso capo a otro lugar para dialogar en secreto, todo en un lapso de 4 infernales horas. Los sospechosos de ser el atrevido y enigmatico criminal son Joaquìn Guzmàn El Chapo, Arturo Beltràn Leyva El Barbas o Mario Ismael Zambada Garcìa.



 Venganza

El Mayo Zambada estaba furioso con la detención de su hermano; èl era su principal estratega en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México para el acopio de cargamentos de cocaína y materia prima en la elaboración de drogas sintéticas. Agentes estadounidenses confirmaron de forma extraoficial la recepciòn de llamadas amenazantes de parte de El MZ  a la residencia oficial de Los Pinos exigiendo la inmediata liberación de El Rey, culminando los airados reclamos con un ¨No se puede¨.

                  Juan Camilo Mouriño. Objetivo de Zambada

El 4 de noviembre de 2008, los noticieros más importantes del país daban la noticia que surgía de fuentes en las más altas esferas del gobierno capitalino y federal: antes de que fueran las 7 de la tarde, la avioneta privada en donde regresaba el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño y otros 8 pasajeros (entre quienes también se encontraba José Luis Santiago Vasconcelos, titular de la SIEDO) de firmar un convenio de colaboración con San Luis Potosí, había caído en picada muy cerca del cruce de Periférico y Paseo de la Reforma, arrasando cual bola flameante y destructiva con todo a su paso. El cadáver calcinado de J. Luis Santiago Vasconcelos salió disparado de la aeronave quedando tendido sobre una sala de juntas en el segundo piso de un edificio aledaño. La mano cercenada por el violento accidente de Juan Camilo Mouriño pudo reconocerse por uno de los anillos que siempre portaba.



¨Felipe, Juan Camilo esta muerto¨ fueron las palabras que laceraron la alegre actitud de Felipe Calderón después de acabar su gira de trabajo en Atotonilco el Alto, Jalisco. Aitza Aguilar, la secretaria particular del presidente le contaba como ocurrió el avionazo en la Ciudad de México mientras que Calderón trataba de cubrir su semblante; ya empezaba a sollozar.

Tanto como informantes de inteligencia militar y gente cercana a El Quinto Mes narran una actividad sospechosa dentro del aeropuerto donde se esperaba al fallecido titular de la Secretaria de Gobernación, al igual que se menciona la posible colocación de una bomba C4 en el Learjet 45 de matrícula XC-VMC. Ante la perspectiva de El Mayo, las cosas ya habían quedado a mano.



Es "mijo". Lo lloro 

 
Vicente Zambada Niebla (Circulo rojo) e Ismael Zambada Imperial (Circulo amarillo)

La fuente de la disposición de Vicente Zambada Niebla a cooperar en secreto con agentes de la DEA en México era ambigua. Aun hoy en día no se sabe si El Niño había sido enviado por su padre o por el temor a las venganzas de los contras. El ejército le cayó en la mañana del 18 de marzo de 2008, junto a él, 5 secuaces. Después de su extradición a los Estados Unidos, la defensa de El Vicentillo esgrimò un acuerdo inexistente entre él y la Agencia Antidrogas.
 Manuel Castanon y David Herrod, policías encubiertos de la DEA en el Distrito Federal habían sido contactados por Humberto Loya Castro, plenamente identificado como representante legal de muchos miembros importantes del Cártel del Pacifico con un mensaje: el hijo de El Mayo Zambada quería ser un testigo protegido. Los agentes estadounidenses aceptaron la propuesta del joven narcoempresario y lo citaron en el hotel Sheraton de la Ciudad de México. David Gaddis, director regional de la DEA para la capital azteca citó días antes al encuentro a Castanon y Herrod a su oficina notificándoles sobre un artículo en el periódico El Porvenir en el que se delataban las reuniones de elementos del orden con capos del narcotráfico. Gaddis prohibió a toda costa el encuentro con el heredero de El Mayo. Al enterarse de este abrupto cambio de planes, Loya Castro se puso muy nervioso y casi rogó a los agentes para que la reunión fuera un hecho.
Pasada la media noche del 18 de marzo de 2008, el agente Herrod ya estaba con Zambada Niebla y su abogado en el lobby del Sheraton, queriendo disuadir las expectativas del criminal a hacer un acuerdo, pero finalmente la platica se dio en una de las habitaciones del hotel. A El Niño no se le quiso prometer nada por el momento, ya que ningún fiscal o juez de alguna corte en la Unión Americana había autorizado la firma del pacto; Zambada Niebla solo quería mostrar personalmente su disposición a la cooperación con el gobierno que anda tras de su padre. La improvisada junta culminó con los agentes Castanon y Herrod explicándole a El Vicentillo lo que englobaba ser un testigo protegido y los posibles lugares en donde se podrían congregar de nueva cuenta. Horas después, el hijo de El Mayo sería capturado por el ejèrcito mexicano.

                                   

Por medio de las actualizaciones en el caso Zambada Niebla y la protección gubernamental de la cual gozan los hermanos Margarito y Pedro Flores, antiguos jefes del narcomenudeo en Chicago al servicio del Cártel de Sinaloa, se ha destapado que El Vicentillo podrá salir libre en aproximadamente 10 años por las declaraciones vertidas sobre la logística de la organización criminal que ahora El Mayo maneja. Aunque Vicente Zambada Niebla no haya aparecido en la lista de los multimillonarios de Forbes como El Chapo Guzmán en 2009, se le conoce de un decomiso casi imposible de creer por parte del gobierno anglosajón que consistìa en más de 1300 millones de dólares, producto de sus actividades ilícitas.


Sabiendo que su hijo le esta delatando en cada movimiento empresarial y criminal que hace junto con sus cómplices, Mario Ismael Zambada García no considera a su Niño un traidor, más bien llora por él, como lo expresaría en una única entrevista con el mayor exponente de periodismo contemporáneo en Mèxico, Julio Scherer García para la revista Proceso.




EN LA GUARIDA…


(Proceso) MÉXICO, DF, 3 de abril .- Un día de febrero recibí en Proceso un mensaje que ofrecía datos claros acerca de su veracidad. Anunciaba que Ismael Zambada deseaba conversar conmigo.
La nota daba cuenta del sitio, la hora y el día en que una persona me conduciría al refugio del capo. No agregaba una palabra.
A partir de ese día ya no me soltó el desasosiego. Sin embargo, en momento alguno pensé en un atentado contra mi persona. Me sé vulnerable y así he vivido. No tengo chofer, rechazo la protección y generalmente viajo solo, la suerte siempre de mi lado.
La persistente inquietud tenía que ver con el trabajo periodístico. Inevitablemente debería contar las circunstancias y pormenores del viaje, pero no podría dejar indicios que llevaran a los persecutores del capo hasta su guarida. Recrearía tanto como me fuera posible la atmósfera del suceso y su verdad esencial, pero evitaría los datos que pudieran convertirme en un delator.
Me hizo bien recordar a Octavio Paz, a quien alguna vez le oí decir, enfático como era:
“Hasta el último latido del corazón, una vida puede rodar para siempre.”

II

Una mañana de sol absoluto, mi acompañante y yo abordamos un taxi del que no tuve ni la menor idea del sitio al que nos conduciría. Tras un recorrido breve, subimos a un segundo automóvil, luego a un tercero y finalmente a un cuarto. Caminamos en seguida un rato largo hasta detenernos ante una fachada color claro. Una señora nos abrió la puerta y no tuve manera de mirarla. Tan pronto corrió el cerrojo, desapareció.
La casa era de dos pisos, sólida. Por ahí había cinco cuadros, pájaros deformes en un cielo azuloso. En contraste, las paredes de las tres recámaras mostraban un frío abandono. En la sala habían sido acomodados sillones y sofás para unas diez personas y la mesa del comedor preveía seis comensales.
Me asomé a la cocina y abrí el refrigerador, refulgente y vacío. La curiosidad me llevó a buscar algún teléfono y sólo advertí aparatos fijos para la comunicación interna. La recámara que me fue asignada tenía al centro una cama estrecha y un buró de tres cajones polvosos. El colchón, sin sábana que lo cubriera, exhibía la pobreza de un cobertor viejo. Probé el agua de la regadera, fría, y en el lavamanos vi cuatro botellas de Bonafont y un jabón usado.
Hambrientos, el mensajero y yo salimos a la calle para comer, beber lo que fuera y estirar las piernas. Caminamos sin rumbo hasta una fonda grata, la música a un razonable volumen. Hablamos sin conversar, las frases cortadas sin alusión alguna a Zambada, al narco, la inseguridad, el ejército que patrullaba las zonas periféricas de la ciudad.
Volvimos a la casa desolada ya noche. Nos levantaríamos a las siete de la mañana. A las ocho del día siguiente desayunamos en un restaurante como hay muchos. Yo evitaba cualquier expresión que pudiera interpretarse como un signo de impaciencia o inquietud, incluso la mirada insistente a los ojos, una forma de la interrogación profunda. El tiempo se estiraba, indolente, y comíamos con lentitud.
Las horas siguientes transcurrieron entre las cuatro paredes ya conocidas. Yo llevaba conmigo un libro y me sumergí en la lectura, a medias. Mi acompañante parecía haber nacido para el aislamiento. Como si nada existiera a su alrededor, llegué a pensar que él mismo pudiera haber desaparecido sin darse cuenta, sin advertirlo. Me duele escribir que no tenía más vida que la servidumbre, la existencia sin otro horizonte que el minuto que viene.
“Ya nos avisarán –me dijo sorpresivamente–. La llamada vendrá por el celular.”
Pasó un tiempo informe, sin manecillas. ‘Paciencia’, me decía.
Salimos al fin a la oscuridad de la noche. En unas horas se cruzarían el ocaso y el amanecer sin luz ni sombra, quieto el mundo.

III

Viajamos en una camioneta, seguidos de otra. La segunda desapareció de pronto y ocupó su lugar una tercera. Nos seguía, constante, a cien metros de distancia. Yo sentía la soledad y el silencio en un paisaje de planicies y montañas.
Por veredas y caminos sinuosos ascendimos una cuesta y de un instante a otro el universo entero dio un vuelco. Sobre una superficie de tierra apisonada y bajo un techo de troncos y bejucos, habíamos llegado al refugio del capo, cotizada su cabeza en millones de dólares, famoso como El Chapo y poderoso como el colombiano Escobar, en sus días de auge, zar de la droga.
Ismael Zambada me recibió con la mano dispuesta al saludo y unas palabras de bienvenida:

–Tenía mucho interés en conocerlo.

–Muchas gracias –respondí con naturalidad.

Me encontraba en una construcción rústica de dos recámaras y dos baños, según pude comprobar en los minutos que me pude apartar del capo para lavarme. Al exterior había una mesa de madera tosca para seis comensales, y bajo un árbol que parecía un bosque, tres sillas mecedoras con una pequeña mesa al centro. Me quedó claro que el cobertizo había sido levantado con el propósito de que el capo y su gente pudieran abandonarlo al primer signo de alarma. Percibí un pequeño grupo de hombres juramentados.
A corta distancia del narco, los guardaespaldas iban y venían, a veces los ojos en el jefe y a ratos en el panorama inmenso que se extendía a su alrededor. Todos cargaban su pistola y algunos, además, armas largas. Dueño de mí mismo, pero nervioso, vi en el suelo un arma negra que brillaba intensamente bajo un sol vertical. Me dije, deliberadamente forzada la imagen: podría tratarse de un animal sanguinario que dormita.

–Lo esperaba para que almorzáramos juntos–, me dijo Zambada y señaló la silla que ocuparía, ambos de frente.

Observé de reojo a su emisario, las mandíbulas apretadas. Me pedía que no fuera a decir que ya habíamos desayunado.
 Al instante fuimos servidos con vasos de jugo de naranja y vasos de leche, carne, frijoles, tostadas, quesos que se desmoronaban entre los dedos o derretían en el paladar, café azucarado.

–Traigo conmigo una grabadora electrónica con juego para muchas horas–, aventuré con el propósito de ir creando un ambiente para la entrevista.

–Platiquemos primero.

IV

Le pregunté al capo por Vicente, Vicentillo.

–Es mi primogénito, el primero de cinco. Le digo “Mijo”. También es mi compadre.

Zambada siguió en la reseña personal:
 –Tengo a mi esposa, cinco mujeres, quince nietos y un bisnieto. Ellas, las seis, están aquí, en los ranchos, hijas del monte, como yo. El monte es mi casa, mi familia, mi protección, mi tierra, el agua que bebo. La tierra siempre es buena, el cielo no.

–No le entiendo.

–A veces el cielo niega la lluvia.

Hubo un silencio que aproveché de la única manera que me fue posible:

–¿Y Vicente?

–Por ahora no quiero hablar de él. No sé si está en Chicago o Nueva York. Sé que estuvo en Matamoros.
–He de preguntarle, soy lo que soy. A propósito de su hijo, ¿vive usted su extradición con remordimientos que lo destrocen en su amor de padre?

–Hoy no voy a hablar de “Mijo”. Lo lloro.

–¿Grabamos?

Silencio.

–Tengo muchas preguntas–, insistí ya debilitado.

–Otro día. Tiene mi palabra.

Lo observaba. Sobrepasa el 1.80 de estatura y posee un cuerpo como una fortaleza, más allá de una barriga apenas pronunciada. Viste una playera y sus pantalones de mezclilla azul mantienen la línea recta de la ropa bien planchada. Se cubre con una gorra y el bigote recortado es de los que sugieren una sutil y permanente ironía.

–He leído sus libros y usted no miente–, me dice.

Detengo la mirada en el capo, los labios cerrados.

–Todos mienten, hasta Proceso. Su revista es la primera, informa más que todos, pero también miente.

–Señáleme un caso.

–Reseñó un matrimonio que no existió.

–¿El del Chapo Guzmán?

–Dio hasta pormenores de la boda.

–Sandra Ávila cuenta de una fiesta a la que ella concurrió y en la que estuvo presente El Chapo.

–Supe de la fiesta, pero fue una excepción en la vida del Chapo. Si él se exhibiera o yo lo hiciera, ya nos habrían agarrado.

–¿Algunas veces ha sentido cerca al ejército?

–Cuatro veces. El Chapo más.

–¿Qué tan cerca?

–Arriba, sobre mi cabeza. Huí por el monte, del que conozco los ramajes, los arroyos, las piedras, todo. A mí me agarran si me estoy quieto o me descuido, como al Chapo. Para que hoy pudiéramos reunirnos, vine de lejos. Y en cuanto terminemos, me voy.

–¿Teme que lo agarren?

–Tengo pánico de que me encierren.

–Si lo agarraran, ¿terminaría con su vida?

–No sé si tuviera los arrestos para matarme. Quiero pensar que sí, que me mataría.

Advierto que el capo cuida las palabras. Empleó el término arrestos, no el vocablo clásico que naturalmente habría esperado.
 Zambada lleva el monte en el cuerpo, pero posee su propio encierro. Sus hijos, sus familias, sus nietos, los amigos de los hijos y los nietos, a todos les gustan las fiestas. Se reúnen con frecuencia en discos, en lugares públicos y el capo no puede acompañarlos. Me dice que para él no son los cumpleaños, las celebraciones en los santos, pasteles para los niños, la alegría de los quince años, la música, el baile.

–¿Hay en usted espacio para la tranquilidad?

–Cargo miedo.

–¿Todo el tiempo?

–Todo.

–¿Lo atraparán, finalmente?

–En cualquier momento o nunca.

Zambada tiene sesenta años y se inició en el narco a los dieciséis. Han transcurrido cuarenta y cuatro años que le dan una gran ventaja sobre sus persecutores de hoy. Sabe esconderse, sabe huir y se tiene por muy querido entre los hombres y las mujeres donde medio vive y medio muere a salto de mata.

–Hasta hoy no ha aparecido por ahí un traidor–, expresa de pronto para sí. Lo imagino insondable.

–¿Cómo se inició en el narco?

Su respuesta me hace sonreír.

–Nomás.

–¿Nomás?

Vuelvo a preguntar:
 –¿Nomás?

Vuelve a responder:
 –Nomás.

Por ahí no sigue el diálogo y me atengo a mis propias ideas: el narcotráfico como un imán irresistible y despiadado que persigue el dinero, el poder, los yates, los aviones, las mujeres propias y ajenas con las residencias y los edificios, las joyas como cuentas de colores para jugar, el impulso brutal que lleve a la cúspide. En la capacidad del narcotráfico existe, ya sin horizonte y aterradora, la capacidad para triturar.

V

Zambada no objeta la persecución que el gobierno emprende para capturarlo. Está en su derecho y es su deber. Sin embargo, rechaza las acciones bárbaras del Ejército.
Los soldados, dice, rompen puertas y ventanas, penetran en la intimidad de las casas, siembran y esparcen el terror. En la guerra desatada encuentran inmediata respuesta a sus acometidas. El resultado es el número de víctimas que crece incesante. Los capos están en la mira, aunque ya no son las figuras únicas de otros tiempos.

–¿Qué son entonces? –pregunto.

Responde Zambada con un ejemplo fantasioso:
–Un día decido entregarme al gobierno para que me fusile. Mi caso debe ser ejemplar, un escarmiento para todos. Me fusilan y estalla la euforia. Pero al cabo de los días vamos sabiendo que nada cambió.

–¿Nada, caído el capo?

–El problema del narco envuelve a millones. ¿Cómo dominarlos? En cuanto a los capos, encerrados, muertos o extraditados, sus reemplazos ya andan por ahí.

A juicio de Zambada, el gobierno llegó tarde a esta lucha y no hay quien pueda resolver en días problemas generados por años. Infiltrado el gobierno desde abajo, el tiempo hizo su “trabajo” en el corazón del sistema y la corrupción se arraigó en el país. Al presidente, además, lo engañan sus colaboradores. Son embusteros y le informan de avances, que no se dan, en esta guerra perdida.

–¿Por qué perdida?

–El narco está en la sociedad, arraigado como la corrupción.

–Y usted, ¿qué hace ahora?

–Yo me dedico a la agricultura y a la ganadería, pero si puedo hacer un negocio en los Estados Unidos, lo hago.

VI
 
Yo pretendía indagar acerca de la fortuna del capo y opté por valerme de la revista Forbes para introducir el tema en la conversación.

Lo vi a los ojos, disimulado un ánimo ansioso:
–¿Sabía usted que Forbes incluye al Chapo entre los grandes millonarios del mundo?

–Son tonterías.

Tenía en los labios la pregunta que seguiría, ahora superflua, pero ya no pude contenerla.

–¿Podría usted figurar en la lista de la revista?

–Ya le dije. Son tonterías.

–Es conocida su amistad con El Chapo Guzmán y no podría llamar la atención que usted lo esperara fuera de la cárcel de Puente Grande el día de la evasión. ¿Podría contarme de qué manera vivió esa historia?

El Chapo Guzmán y yo somos amigos, compadres y nos hablamos por teléfono con frecuencia. Pero esa historia no existió. Es una mentira más que me cuelgan. Como la invención de que yo planeaba un atentado contra el presidente de la República. No se me ocurriría.

–Zulema Hernández, mujer del Chapo, me habló de la corrupción que imperaba en Puente Grande y de qué manera esa corrupción facilitó la fuga de su amante. ¿Tiene usted noticia acerca de los acontecimientos de ese día y cómo se fueron desarrollando?

–Yo sé que no hubo sangre, un solo muerto. Lo demás, lo desconozco.

Inesperada su pregunta, Zambada me sorprende:
–¿Usted se interesa por El Chapo?

–Sí, claro.

–¿Querría verlo?

–Yo lo vine a ver a usted.

–¿Le gustaría…?

–Por supuesto.

–Voy a llamarlo y a lo mejor lo ve.

La conversación llega a su fin. Zambada, de pie, camina bajo la plenitud del sol y nuevamente me sorprende:
–¿Nos tomamos una foto?

Sentí un calor interno, absolutamente explicable. La foto probaba la veracidad del encuentro con el capo.
Zambada llamó a uno de sus guardaespaldas y le pidió un sombrero. Se lo puso, blanco, finísimo.

–¿Cómo ve?

–El sombrero es tan llamativo que le resta personalidad.

–¿Entonces con la gorra?

–Me parece.

El guardaespaldas apuntó con la cámara y disparó.




Demostración de Poder


Criticas dignas de ser catalogadas como condenas entre elogios a la valentía y responsabilidad periodística empezaron a caer sobre Don Julio Scherer García y Proceso por la sorprendente publicación. Fernando Gómez Mont, secretario de Gobernación en 2010, contestó de una manera agresiva a la entrevista exhibida edición número 1744 del semanario más imparcial del país. ¨Den la cara en vez de conceder entrevistas en el monte¨ dijo el segundo al mando en el poder ejecutivo mientras contestaba la pregunta a la reacción cuando se encontraba en una conferencia de prensa por la creciente violencia en el estado de Tamaulipas. Jesús Vizcarra Calderón reiteró su desconexión con el capo del Cártel de Sinaloa. ¨No haré un comentario especifico del tema¨ se limitó a decir Felipe Calderón después de ser cuestionado por los reporteros en la residencia oficial de Los Pinos cuando este recibió al primer ministro de Noruega, Jens Stoltneberg. Las actitudes de los titulares de las más altas dependencias gubernamentales delataban que ni el Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (CISEN), ni la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), ni la Secretaría de Seguridad Publica (SSP) tenían conocimiento de la reunión Zambada-Scherer efectuada en alguna parte de la serranía del Triangulo Dorado, probablemente en algún punto del estado de Durango.


                                     

De aproximadamente 1 metro y 80 centímetros de estatura, Mario Ismael Zambada posa con la cabeza en alto en la foto tomada junto a  Scherer García al final de la entrevista. En esta, el capo impone liderazgo mezclado con arrogancia por la posición de su mentón y brazos, mientras que en la segunda fotografía en la que aparece en solitario, emite respeto y sencillez. Las dos imágenes dieron fe del encuentro y son parte del archivo que representa gráficamente a El Mayo Zambada.

En un básico análisis de la entrevista se podría decir que El Mayo no arrojó ningún dato que no se supiera antes. Pero sí llegó a decir frases en clave: El ¨Hasta hoy no ha aparecido por ahí ningún traidor¨ iba dirigido a aquellos que tuvieran en su agenda voltearse contra él. ¨…Son mentiras que me cuelgan. Como la invención de que yo planeaba un atentado contra el presidente de la república. No se me ocurrirᨠfue la confirmación de que si hubiera querido hacer algo contra Felipe Calderòn, ya lo habría hecho. ¨Y usted, ¿qué hace ahora?¨ le preguntó Scherer a Zambada. ¨Yo me dedico a la agricultura y a la ganadería, pero si puedo hacer un negocio en los Estados Unidos, lo hago.¨ replicó el capo sinaloense.


Tres meses después, el director de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) Adam J. Szubin contestó textualmente: ¨En Abril de 2010, Zambada García declaró ante una revista mexicana que si podía hacer negocios en los Estados Unidos, los haría. Le estamos diciendo al Señor Zambada que no lo hará. Los sectores comerciales y financieros de los Estados Unidos están cerrados para su red de narcotráfico.¨



 Adios, compadres


A principios de 2014, se filtró a los medios de una manera deliberada que 200 elementos de la Marina mexicana estaban en un operación táctica para capturar a Mario Ismael Zambada García en la ciudad de Culiacán, Sinaloa. En enero de ese año, José Rodrigo Aréchiga Gamboa, El Chino Ántrax, quien era el jefe del brazo armado del clan de El Mayo había sido aprehendido en Holanda por una investigación de rastreo hecho por la INTERPOL. A mediados de febrero, Juan Peña, un famoso lugarteniente de Zambada García, apodado El 20, también era arrestado pero por los marinos en Sinaloa.



El golpe certero se hizo el  22 de febrero cuando en el edificio de departamentos Miramar, era arrestado Joaquín Guzmán Loera El Chapo, después de estar oficialmente màs de 13 años prófugo. La cabeza mediática de La Federación respondía durante su interrogatorio que su compadre, El Mayo Zambada, probablemente estaba oculto en la sierra.


El 8 de junio de 2014 el periódico sinaloense Ríodoce reportó que a base de testimonios de familiares cercanos, Juan José Esparragoza Moreno El Azul, el tercero al mando de la organización delictiva del Pacìfico, había perecido de un ataque al corazón producto de un accidente automovilístico, de el cual se hallaba recuperándose en algún hospital de Jalisco o Sinaloa. La PGR no ha confirmado el deceso pero por parte de la DEA, El Azul ya es considerado una presa muerta.



 El Intocable


Ante las aprehensiones de sus hijos Vicente Zambada Niebla El Niño, Serafín Mayito Flaco Zambada Ortìz e Ismael Mayito Gordo Zambada Imperial y el misterioso paradero de J. José Esparragoza Moreno El Azul, Jack Riley quien funge como director interino de la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos posicionò a Mario Ismael Zambada García como el capo màs poderoso del paìs azteca. Aunque actualmente, con la fuga de su compadre y socio Joaquìn El Chapo Guzmàn del Penal del Altiplano el pasado 11 de julio de 2015, vuelve a su estrategico e intocable segundo lugar en la organizacion delictiva màs influyente del hemisferio occidental. 



 El MZ - Los Tucanes de Tijuana


El Hombre de los Tres Rostros - Los Alegres del Barranco


Fuentes: Los Señores del Narco - Anabel Hernàndez. 2010
              La DEA en Mèxico. J. Jesùs Esquivel. 2013
              Semanario Proceso
             



Por Ryder Kane



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