domingo, 23 de febrero de 2014

José Emilio Pacheco - Las batallas en el desierto








 El fallecido escritor mexicano, José Emilio Pacheco, nos remonta con esta historia al nostálgico y subdesarrollado México de la mitad del siglo XX, época en la cual la familia y el pensamiento de los ciudadanos era casi unánime en la política, educación, vida social y perspectiva mundial. Al mismo tiempo, nos lleva a la visión de Carlitos, el principal personaje de la novela, sobre la vida en que se desarrolla su personalidad y pensamiento.



Resumen de la historia (SPOILER)



México en la década de 1950 estaba en posición de ofrecer a las diversas empresas extranjeras un campo para expandir su mercado, dando paso al resurgimiento económico global después de los estragos que dejó la II Guerra Mundial.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) había puesto en el poder a Miguel Alemán, pero el yugo del país seguía siendo eterno para los ciudadanos de pocos recursos como el protagonista del relato.

Los recuerdos se manifiestan en la legendaria colonia Roma en la Ciudad De México: los programas de la radio, las películas a blanco y negro en el cine, los antiguos edificios, las opiniones de los ancianos en cuanto a la sociedad y sus nuevas costumbres, la escuela y los antiguos nombres que se les daban a la materias, etc.
Carlos narra las experiencias que vivió cuando entraba a la pubertad; los pleitos que sus hermanos mayores tenían con las parejas de sus hermanas era algo que le sorprendía ver a Carlos, ya que a su corta edad, lleno aun de inocencia que en poco tiempo después se iría drenando, no comprendía la diferencia de ¨drogarse¨ (consumir drogas) y ¨endrogarse¨(tener muchas deudas); la hipocresía que presentaba su hermano mayor al defender a sus hermanas de algún acto sexual de sus cuñados, y a la vez tratar de abusar de la empleada domestica; la angustia que sufría su padre al ver la invasión del comercio extranjero y el deterioro de su trabajo; lo estricto que era su profesor en la primaria; las mofas de sus compañeros al verlo juntarse con su amigo estadounidense, durante los recreos y salidas para jugar,  y lo conservadora que era su religiosa y devota madre.
  
Lo relevante en la narración que da Carlos varios años después de su primer enamoramiento, es el amor platónico en el que se basa, ya que su objetivo amoroso es Mariana, la madre de su mejor amigo, Jim, al la que conoció durante una visita en el departamento de su compañero, la cual también estaba casada con un importante empresario extranjero que tenia negocios exitosos en México y tenia nexos con el mismísimo presidente de la republica.

Frenético, el pequeño Carlitos escapa de la escuela, dejándole al profesor el pretexto de ir al sanitario, dirigiéndose a la casa de Jim y Mariana con el propósito de confesarle su atracción por ella. Después de tocar la puerta y saludar a la joven madre de su amigo, es invitado a pasar; cuando Mariana pregunta el porque de su visita y que hacia fuera de la escuela en horas de clase, el chico le dice que en efecto, esta enamorado de ella, a lo cual ella sorpresivamente para Carlitos, le contesta con una amable y cariñosa  respuesta seguida de un beso en la mejilla.

Los padres de Carlitos, al enterarse por boca de su profesor, de su huida del plantel, confiesa haber estado con la madre de su compañero; bajo el pensamiento izquierdista y conservador de su madre y padre, acuden a consejería medica y eclesiástica, pero Carlitos no siente alivio alguno al saber que su amor, por cuestión de edad y ¨lógica social¨, no puede consumarse.

Luego de fruncir  el ceño y replicar violentamente con el Psicólogo, e  intentar el acto de la masturbación  bajo la recomendación del cura de la iglesia, Carlitos se siente confundido y derrotado en su búsqueda de respuestas satisfactorias. El problema llega a tal grado que la relación de amistad entre Carlitos y Jim queda irreparable y aparte, es trasladado a otra escuela después del resurgimiento económico de la familia de Carlitos, con su padre aprendiendo ingles y manejando una gran empresa de jabón.

El tiempo transcurre y Carlitos tiene una vida diferente a la que tenia antes: un día como cualquier otro, viste orgullosamente un traje para practicar tenis y porta su propia raqueta; pero el destino se aferra en someter a la vida sentimental de Carlitos en el limbo, ya que mientras viajaba en el camión de regreso a casa, encuentra a uno se su antiguos abusadores de la escuela vendiendo chicles, el mismo que sale huyendo al ver a Carlitos, tratando se suprimir la historia macabra y lamentable que quitará toda esperanza en el corazón del chico para volver a encontrarse con su amada Mariana.
Horrorizado y ansioso en un restaurante de la gran urbe, Carlitos trata de digerir la amarga ¨especulación¨ que su ex- compañero le relata: Todos en la escuela se enteraron de la visita que Carlitos le dio a Mariana; Jim queda rencoroso por la supuesta traición que su mejor amigo le propinó, se muda a los Estado Unidos y nunca más se vuelve a saber de el; Mariana avergüenza a su poderoso marido en una reunión de exitosos empresarios y este la da una abofeteada y la humilla con insultos enfrente de todos; Mariana, exhausta y triste por la vida que lleva, escribe cartas de suicidio, una para su hijo y otra para Carlitos (la cual nunca se le fue dada), termina con su vida bañada en sangre, pero no se supo cual fue su método de suicidio.

Carlitos, sin siquiera despedirse de su verdugo verbal, va deprisa a la antigua dirección a la que fue tiempo atrás para confesar a Mariana su amor, pero se lleva la sorpresa de que nada de lo que antes reconocía estaba ahí. Absolutamente todo. Todo lo que daba evidencia de que una tal Mariana se alojaba en aquel lujoso departamento, había desaparecido, ni siquiera el portero del edificio supo darle razón del paradero de ella o de Jim, a lo que apunta a las amenazas del ex-esposo de Mariana hacia los inquilinos de no abrir la boca sobre el asunto. 

Carlos queda condenado de por vida a preguntarse si Jim de verdad fue su amigo alguna vez, o si Mariana de verdad existió.



Puntuación:









                                                                                                                  by Ryder Kane

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